Capítulo I La partida
Tomado de los diarios personales de Hermann Bruener
Nunca me ha sido agradable servir a los británicos, son una nación difícil y pretenciosa, siempre alardeando de su compostura, de su aplomo para hacer lo necesario, siempre manteniendo el tipo, esos pillos pretenden no ser personas reales, buscan intimidar haciéndose los superiores, pero creedme si os digo que en el fondo los oficiales británicos en nada se diferencian de uno de nuestros campesinos. En gran bretaña sus súbditos llevan en sus corazones a un pirata, no saben perder, agitadores y provocan, enfurecen a todos y convierten todo en un conflicto comercial.
Además los británicos son unos astutos zorros, aun mantengo cuentas pendientes con el reino de Francia a causa de los hijos de la pérfida Albión, todo aquel lance se remonta al dia en que me embarque en aquella expedición a Ceilán y Formosa.
Y ante los franceses estoy bajo la sospecha de ser un agente del imperio Británico, en fin… nunca me ha interesado la política, es un juego demasiado sucio, en el que no gana quien más astucia tiene si no a quien menos escrúpulos le quedan, pero bueno aquello que sucedió en Formosa es otra historia, una vieja historia.
De todos modos debo seguir con los británicos, ¿de qué otro modo podría entrar ahora en el corazón de la india?
Llevo toda mi vida soñando con adentrarme en el corazón del subcontinente, descubrir que reserva al viajero, al estudioso, y si podre completar mi colección botánica con nuevos ejemplares.
El desembarco no tardara en producirse en unas horas estaremos ya en Bombay, palpito de ganas de ver la ciudad.
En el fuerte británico situado cerca del puerto ondea la Union Jack con altivez, los británicos solo se sienten orgullosos de su bandera cuando la izan lejos de su isla, solo cuando significa humillar y aplastar.
O al menos así me lo demostró la guarnición de soldados provenientes de todos los tugurios y antros de Gran Bretaña que protegian la ciudad desde que se la arrebataron a los portugueses.
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domingo, 1 de enero de 2012
viernes, 30 de diciembre de 2011
Los Siete años Indios
En 1717 el emperador Mogol, Farrukh-siyar le dio a los británicos permiso para establecerse en treinta y ocho pueblos cerca de Calcuta, reconociendo la importancia de mantener continuidad en el comercio de la región de Bengala. Se habria con esto la veda a la mas despiadada carrera colonizadora sobre la india, en la que Francia e Inglaterra, junto con algun que otro timido intento portugues, fueron los principales contendientes.
La confrontación entre los franceses y los británicos surgió por primera vez en el sur de la India, en donde se enfrentaron tropas dirigidas por Francois Dupleix y Robert Clive. Ambos bandos quería colocar su candidato como «nawab» o regidor de Arcot, en la zona alrededor de Madrás. En la lucha que se extendió entre 1744 y 1763, los británicos obtuvieron las mayotes ventajas después de un tratado de paz firmado en París y finalmente colocaron a su regente. Los franceses e ingleses también respaldaron diferentes facciones en su lucha por la sucesión en el virreinato Mogol de Bengala, siendo Clive quien gano esta lucha interviniendo exitosamente al derrocar al Nawab Siraj-ud-daula en la batalla de Palashi (a unos 150 km al norte de Calcuta) en1757. Clive aprovechó astutamente una serie de intereses locales en contra del nawab local incluyendo soldados descontentos y terratenientes y comerciantes que estaban sacando provecho a su relación con los británicos.
La historia de los miembros de la milicia de Clive merece para ellos solos la elaboración de decenas de libros, esta historia adquiere tintes aun mas magicos y epicos cuando confluye con la de nuestro ilustre Hermann Bruener.
Los Siete años Indios
Los años perdidos de Hermann Bruener
Hermann Bruener ocupo la catedra de antropología de la universidad de Tubinga muy joven, pero desde luego muy merecidamente, había sido un estudiante muy capaz e industrioso y su talento había cautivado a muchos profesores que ya lo veían incluso en sus años de formación como un compañero.
El mundo académico alemán era un mundo cerrado, hermético, donde el prestigio contaba muchísimo, donde profesores envejecidos, casi dinosaurios se empeñaban en defender sus viejas ideas pese al cambio de época.
Sin embargo y aun teniendo en contra a todo este sector reaccionario, tan fiel a la conservación de los viejos principios, el admirable talento de Hermann logro abrirse paso en una universidad que luchaba para frenar toas las nuevas teorías que entraban en Alemania ,en este siglo de gran cambio para la ciencia.
Mientras él estudiaba duramente en el seminario de Maulbronn en la selva negra Newton publicaba sus trabajos de Aritmética y comenzaba a pensar en la gravitación universal.
Cuando llego a la universidad de Friuburgo, Halley era designado astrónomo real e inicio sus celebres investigaciones, pasando los meses sucesivos indagando sobre los cuerpos celestes ente los que orbitábamos. Halley demostró cuando concluyo sus estudios, que había grandes motivos para que el hombre, que era ya consciente de no ser el centro del universo, comenzara a preguntarse, si tampoco lo fuese de la naturaleza.
La gente se hacía preguntas, muchas preguntas y por fortuna la inquisición ya fuese protestante o católica cesaba de quemar a los sabios desde el gran desatino de prender vivo al gran Servet.
La cátedra permitió a nuestro querido investigador desarrollar toda una serie de fantásticos descubrimiento, y su talento y labia con la que sedujo la curiosidad de las cortes de Baviera y Baden consiguió para el financiación para sus expediciones.
Hermann Bruener paso la mayor parte de su vida viajando por Europa, llegando a sus confines y recopilando todo tipo de informaciones sobre el mundo, sobre los salvajes e incivilizados, sobre lo que podían aportarnos.
Paso muchos años en Escandinavia, recabando información sobre las ultimas tribus salvajes de Europa, y fue allí donde trabo amistad con Lineo, pero eso son historias que ahora no nos ocupan.
También viajo a Asia y a África, incluso participo en una expedición británica a Oceanía y se enrolo en una campaña científica española en los confines del Paraguay. Sin embargo lo que sucedió durante los últimos 20 años de su vida esta oscuro y confuso.
Abandono Alemania en 1745 rumbo a la india acompañando a una expedición comercial de la compañía británica de las indias orientales, y su rastro se pierde en el tiempo hasta que reaparece en el puerto de Dover a bordo de un navío británico procedente de las indias orientales.
Hermann Bruener que se preciaba de transcribir todas sus aventuras y descubrimientos con una precisión sin igual y que gustaba de guardar recuerdo de todo con una meticulosidad que rozaba la manía sin embargo nunca hablo de sus siete años en la india que sin embargo parecían haberle cambiado in extremo, no solo estaba mucho más envejecido y delgado, si no que también era muy distinto anímicamente, Hermann se había vuelto un hombre tranquilo y relajado mucho más dulce que de habitual, aunque continuaba en sus estudios con esfuerzos frenéticos si era necesario era distinto, era como si hubiese alcanzado la paz.
La confrontación entre los franceses y los británicos surgió por primera vez en el sur de la India, en donde se enfrentaron tropas dirigidas por Francois Dupleix y Robert Clive. Ambos bandos quería colocar su candidato como «nawab» o regidor de Arcot, en la zona alrededor de Madrás. En la lucha que se extendió entre 1744 y 1763, los británicos obtuvieron las mayotes ventajas después de un tratado de paz firmado en París y finalmente colocaron a su regente. Los franceses e ingleses también respaldaron diferentes facciones en su lucha por la sucesión en el virreinato Mogol de Bengala, siendo Clive quien gano esta lucha interviniendo exitosamente al derrocar al Nawab Siraj-ud-daula en la batalla de Palashi (a unos 150 km al norte de Calcuta) en1757. Clive aprovechó astutamente una serie de intereses locales en contra del nawab local incluyendo soldados descontentos y terratenientes y comerciantes que estaban sacando provecho a su relación con los británicos.
La historia de los miembros de la milicia de Clive merece para ellos solos la elaboración de decenas de libros, esta historia adquiere tintes aun mas magicos y epicos cuando confluye con la de nuestro ilustre Hermann Bruener.
Los Siete años Indios
Los años perdidos de Hermann Bruener
Hermann Bruener ocupo la catedra de antropología de la universidad de Tubinga muy joven, pero desde luego muy merecidamente, había sido un estudiante muy capaz e industrioso y su talento había cautivado a muchos profesores que ya lo veían incluso en sus años de formación como un compañero.
El mundo académico alemán era un mundo cerrado, hermético, donde el prestigio contaba muchísimo, donde profesores envejecidos, casi dinosaurios se empeñaban en defender sus viejas ideas pese al cambio de época.
Sin embargo y aun teniendo en contra a todo este sector reaccionario, tan fiel a la conservación de los viejos principios, el admirable talento de Hermann logro abrirse paso en una universidad que luchaba para frenar toas las nuevas teorías que entraban en Alemania ,en este siglo de gran cambio para la ciencia.
Mientras él estudiaba duramente en el seminario de Maulbronn en la selva negra Newton publicaba sus trabajos de Aritmética y comenzaba a pensar en la gravitación universal.
Cuando llego a la universidad de Friuburgo, Halley era designado astrónomo real e inicio sus celebres investigaciones, pasando los meses sucesivos indagando sobre los cuerpos celestes ente los que orbitábamos. Halley demostró cuando concluyo sus estudios, que había grandes motivos para que el hombre, que era ya consciente de no ser el centro del universo, comenzara a preguntarse, si tampoco lo fuese de la naturaleza.
La gente se hacía preguntas, muchas preguntas y por fortuna la inquisición ya fuese protestante o católica cesaba de quemar a los sabios desde el gran desatino de prender vivo al gran Servet.
La cátedra permitió a nuestro querido investigador desarrollar toda una serie de fantásticos descubrimiento, y su talento y labia con la que sedujo la curiosidad de las cortes de Baviera y Baden consiguió para el financiación para sus expediciones.
Hermann Bruener paso la mayor parte de su vida viajando por Europa, llegando a sus confines y recopilando todo tipo de informaciones sobre el mundo, sobre los salvajes e incivilizados, sobre lo que podían aportarnos.
Paso muchos años en Escandinavia, recabando información sobre las ultimas tribus salvajes de Europa, y fue allí donde trabo amistad con Lineo, pero eso son historias que ahora no nos ocupan.
También viajo a Asia y a África, incluso participo en una expedición británica a Oceanía y se enrolo en una campaña científica española en los confines del Paraguay. Sin embargo lo que sucedió durante los últimos 20 años de su vida esta oscuro y confuso.
Abandono Alemania en 1745 rumbo a la india acompañando a una expedición comercial de la compañía británica de las indias orientales, y su rastro se pierde en el tiempo hasta que reaparece en el puerto de Dover a bordo de un navío británico procedente de las indias orientales.
Hermann Bruener que se preciaba de transcribir todas sus aventuras y descubrimientos con una precisión sin igual y que gustaba de guardar recuerdo de todo con una meticulosidad que rozaba la manía sin embargo nunca hablo de sus siete años en la india que sin embargo parecían haberle cambiado in extremo, no solo estaba mucho más envejecido y delgado, si no que también era muy distinto anímicamente, Hermann se había vuelto un hombre tranquilo y relajado mucho más dulce que de habitual, aunque continuaba en sus estudios con esfuerzos frenéticos si era necesario era distinto, era como si hubiese alcanzado la paz.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Historias de Hermann Bruenner
Sobre las lomas resplandece el sol, el paisaje se torna totalmente rojo, la arena y la arenisca juegan con los colores de la paleta del divino pintor dándoles sus texturas, un paisaje vasto e inalcanzable, nada conocido en decenas de kilometros, ninguna aldea, ningún asentamiento.
Ni tan siquiera un caravasar donde pueda beber agua el viajero y procurar descanso para sus camellos. Aquí no hay nada mas, y sin embargo por estas inhóspitas tierras cabalgaron, cabalgan y parece que cabalgaran por unos cuantos siglos mas todavía las caravanas que como esta hace ya semanas partieron desde Siria y desde el hedjaz.
Cuando las caravanas marchan nada queda, no se paran en su camino, no exploran aquí donde todo se da por perdido.
La caravana de nuevo desaparece perdiéndose en el horizonte marchando hacia donde este nace.
Sin embargo hoy las vastas llanuras tienen mas visitantes, tres siluetas se dibujan en la lejania, avanzan lentamente confiadas.
El ingles daba tumbos en el camello, abrasado por el sol, no soportaba aquel calor infernal, aquella sequedad, y la arena que se levantaba.
El alemán dormía a lomos del camello, y los afganos charlaban apresuradamente, señalando a los europeos constantemente, probablemente bromeaban acerca de aquellos locos que cruzaban aquella estepa de muerte para entrometerse en los asuntos de los muertos.
Se acercaban a su mítico destino.
Ni tan siquiera un caravasar donde pueda beber agua el viajero y procurar descanso para sus camellos. Aquí no hay nada mas, y sin embargo por estas inhóspitas tierras cabalgaron, cabalgan y parece que cabalgaran por unos cuantos siglos mas todavía las caravanas que como esta hace ya semanas partieron desde Siria y desde el hedjaz.
Cuando las caravanas marchan nada queda, no se paran en su camino, no exploran aquí donde todo se da por perdido.
La caravana de nuevo desaparece perdiéndose en el horizonte marchando hacia donde este nace.
Sin embargo hoy las vastas llanuras tienen mas visitantes, tres siluetas se dibujan en la lejania, avanzan lentamente confiadas.
El ingles daba tumbos en el camello, abrasado por el sol, no soportaba aquel calor infernal, aquella sequedad, y la arena que se levantaba.
El alemán dormía a lomos del camello, y los afganos charlaban apresuradamente, señalando a los europeos constantemente, probablemente bromeaban acerca de aquellos locos que cruzaban aquella estepa de muerte para entrometerse en los asuntos de los muertos.
Se acercaban a su mítico destino.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Hermann Bruenner
Sus ojos aunque cansados de habitual, siempre reposados y tranquilos tras la protección de aquellas gafitas de pinza estaban hoy exultantes, juguetones y brillantes deleitándose por cuanto le rodeaba.
Aquel hombre pese a su edad albergaba a un joven testarudo y ansioso, albergaba todavía a un aventurero indomable, y es que decenas de viajes pos todo el mundo solo habían hecho que inflamar y llenar su espíritu con nuevas ansias de exploración.
Cierto día salio de Lübeck subido a bordo de barcos de la marina francesa y más tarde de la Royal Navy, una vez en tierra surcando dos oceanos viajo únicamente acompañado de guiás afganos por las estribaciones del Hindu Kuch en su camino a la india mas salvaje.
Realmente lo que estaba contemplando era un tesoro digno de conservarse, se encontraba ante las ruinas de la mas remota de las Alejandrias, nunca vista jamas por ningún occidental, por ningún infiel, tan solo los nómadas musulmanes que evitaban pasar mucho tiempo allí estremecidos por los susurros atrapados en las arenas que a veces escapaban de alli.
Alejandro el Magno a su paso conquistador por Asia dejo como legado múltiples ciudades que llevaron su nombre, algunas tan famosas como la Alejandria de Egipto y otras perdidas y desaparecidas para siempre en el olvido.
Este es el caso de esta ciudad largamente olvidada y consumida por el tiempo cuando los guerreros partos y tocarios despedazaron aquel reino de los Bactrianos los sucesores griegos de Alejandro Magno que dominaron Afganistan y Pakistan estableciendo una monarquía helénica.
Tras la batalla de Poros contra los indios Alejandro Magno perdió a su compañero mas fiel, el que le habia seguido hasta ahora, alguien que quizas le era mas cercano, su caballo Bucefalo.
Bucefalo quedo severamente herido tras la batalla, y despues de que Alejandro ordenara la construcción de una ciudad en honor a su victoria acudio presto a ver como evolucionaba el animal.
El animal estaba agonizante, y en cuando tras largas horas murió decidió fundar sobre su tumba la ciudad que eclipsara a todas las Alejandrias hasta ahora construidas, y en un delirio de hombre consumido por la gloria, endiosado y cada vez mas excéntrico ordeno que se levantase la ciudad mas maravillosa que un griego jamas hubiese visto, Alejandria de Bucefala.
Corre el siglo XVII y un hombre menudo acompañado por sus guiás autóctonos recorre las ruinas de la ciudad, este hombre ha pasado la vida viajando, sin embargo no puede dejar de maravillarse ante lo que ve y apenas si se da cuenta del creciente terror que asalta a sus guiás que caminan ya varios pasos por detrás de el incapaces de acercarse mas.
Los afganos con cierto temor acompañaron a nuestro protagonista ante el colosal sarcófago de mármol, este se encontraba en una enorme sala hipetra a través de la cual se accedía a una monumental sala hipostila formada por de cenas de columnas con capiteles corintios, y tras esto... el gran mausoleo.
Aquello era una mixtura maravillosa de elementos egipcios griegos y punjabies, aquello era muestra del vivo crisol de razas y culturas con el que nutrio su imperio el divino rey. Hermann Bruener observaba extasiado la enorme sala.
Para él aquello era la cumbre de su carrera, la culminación a una vida, para ellos la ciudad se llama Bhadrasva y esta es la tumba del mas poderoso de los demonios que descendió a horadar la tierra.
Aquel hombre pese a su edad albergaba a un joven testarudo y ansioso, albergaba todavía a un aventurero indomable, y es que decenas de viajes pos todo el mundo solo habían hecho que inflamar y llenar su espíritu con nuevas ansias de exploración.
Cierto día salio de Lübeck subido a bordo de barcos de la marina francesa y más tarde de la Royal Navy, una vez en tierra surcando dos oceanos viajo únicamente acompañado de guiás afganos por las estribaciones del Hindu Kuch en su camino a la india mas salvaje.
Realmente lo que estaba contemplando era un tesoro digno de conservarse, se encontraba ante las ruinas de la mas remota de las Alejandrias, nunca vista jamas por ningún occidental, por ningún infiel, tan solo los nómadas musulmanes que evitaban pasar mucho tiempo allí estremecidos por los susurros atrapados en las arenas que a veces escapaban de alli.
Alejandro el Magno a su paso conquistador por Asia dejo como legado múltiples ciudades que llevaron su nombre, algunas tan famosas como la Alejandria de Egipto y otras perdidas y desaparecidas para siempre en el olvido.
Este es el caso de esta ciudad largamente olvidada y consumida por el tiempo cuando los guerreros partos y tocarios despedazaron aquel reino de los Bactrianos los sucesores griegos de Alejandro Magno que dominaron Afganistan y Pakistan estableciendo una monarquía helénica.
Tras la batalla de Poros contra los indios Alejandro Magno perdió a su compañero mas fiel, el que le habia seguido hasta ahora, alguien que quizas le era mas cercano, su caballo Bucefalo.
Bucefalo quedo severamente herido tras la batalla, y despues de que Alejandro ordenara la construcción de una ciudad en honor a su victoria acudio presto a ver como evolucionaba el animal.
El animal estaba agonizante, y en cuando tras largas horas murió decidió fundar sobre su tumba la ciudad que eclipsara a todas las Alejandrias hasta ahora construidas, y en un delirio de hombre consumido por la gloria, endiosado y cada vez mas excéntrico ordeno que se levantase la ciudad mas maravillosa que un griego jamas hubiese visto, Alejandria de Bucefala.
Corre el siglo XVII y un hombre menudo acompañado por sus guiás autóctonos recorre las ruinas de la ciudad, este hombre ha pasado la vida viajando, sin embargo no puede dejar de maravillarse ante lo que ve y apenas si se da cuenta del creciente terror que asalta a sus guiás que caminan ya varios pasos por detrás de el incapaces de acercarse mas.
Los afganos con cierto temor acompañaron a nuestro protagonista ante el colosal sarcófago de mármol, este se encontraba en una enorme sala hipetra a través de la cual se accedía a una monumental sala hipostila formada por de cenas de columnas con capiteles corintios, y tras esto... el gran mausoleo.
Aquello era una mixtura maravillosa de elementos egipcios griegos y punjabies, aquello era muestra del vivo crisol de razas y culturas con el que nutrio su imperio el divino rey. Hermann Bruener observaba extasiado la enorme sala.
Para él aquello era la cumbre de su carrera, la culminación a una vida, para ellos la ciudad se llama Bhadrasva y esta es la tumba del mas poderoso de los demonios que descendió a horadar la tierra.
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