lunes, 16 de enero de 2012

Pia VII

Desde que él la había dejado ella no había echado nada a faltar, todo seguía igual, no se notaba mas sola, ni mas insegura, se sentía igual, de hecho se dio cuenta gracias a él que nunca le había necesitado, resulta paradójico que queriéndole él mostrarle cuanto el necesitaba ella descubriese lo contrario... pero en fin, la vida es así, y no tiene mas vuelta de hoja.

En cierta manera incluso podría decirse que estaba algo mas liberada, que se tomaba la vida con mas entusiasmo, reorganizando sus contactos, ahora hablaba mas con Ana, Sara y especialmente con Lara, de hecho pasaba casi todo el tiempo con ella, se había dado cuenta que era lo que necesitaba otro espíritu afín que no necesita a nadie, independiente y vital, alguien que equilibrase el efecto que aquellas sombras negras tenían sobre ella.

Las sombras negras, esas sombras devoradoras de inquietud, de miedo y que ahogaban su felicidad.
Se refugio en Lara sin darse cuenta, pero sin que aquello fuese artificioso para ella, como si refugiarse en aquella amistad fuese mas cómodo y mas natural que refugiarse en las atenciones que el le prodigaba.
Era extraño, difícil de explicar.

La única vez que le echo en falta fue aquel jueves por la noche, fue una noche magnifica, reuniéndose con las amigas que había conseguido hacer por primera vez en su vida en aquel instituto nuevo donde sus padres la mandaron a hacer el bachillerato después de haber estado en aquel infierno de instituto durante 4 años. Reunirse con las amigas, charlar, decir tonterías, preguntar sobre que hacen, que tal sus estudios, si tienen algo en mente mas allá, hablar de sexo, de lo que fuera, eso era lo que hacia la gente normal, y después de tantos años sintiéndose rara, de ser un bicho raro, aquello parecía la gloria, aunque la agotaba.

Cuando se separo de sus amigas para ir a pedir, sus amigas se quedaron en las sillas charlando, había mucha gente en la barra y el camarero aprecia que tenia un mal día, cada pedido que atendía necesitaba un par de aclaraciones para el camarero lo que ralentizaba todo aun mas si cabe, sin embargo en un ultimo momento apareció la camarera que la atendió rápidamente, si llega a ser por aquel chico podría haber pasado una media hora allí a juzgar por la velocidad con que estaba atendiendo.

Marcho con la cerveza a la mesa y se unió a la conversación, parecía un cacareo de voces agudas y chillonas, y muchas risas, probablemente llevaban ya unas cuantas cervezas, eso no pasaba inadvertido para nadie en el bar.
Y que Irene era la que mas había bebido la que mas tampoco era nada difícil.
Hay mucha gente en los bares que únicamente se dedica a eso, a beber y observar, beber y observar, van de aquí para allí, pasan un rato con su grupo si lo tienen, pero la mayoría de las veces ni siquiera lo tienen y están todo el tiempo rondando de aquí para allí, acechando esperando a ver el siguiente movimiento, ver quien se acerca a la barra.

Y así es como se conocieron, Irene y el, una chica joven y radiante de energía que estudiaba un magisterio, estuvieron hablando en la barra, hay muchas tonterías que se le pueden decir a una chica joven, la mayoría no dan resultado, pero tu ponle unos pocos cubatas o unas cuantas cervezas, y todo empezara a encajar, a tener gracia, a tener sentido y las frases premeditadas que podrían parecer una tontería de repente suenan incluso enigmáticas.
Es sencillo, hazle un par de preguntas, y acto seguido, mojate, lanzate y miente, según los científicos dependiendo de la longitud de tu anular este paso sera mas o menos sencillo, pero una vez superado este obstáculo todo va rodado, si con tus mentiras acertaste a construir el perfil de hombre que ella deseaba conocer... bingo ya lo tienes.
Es tan sencillo cuando funciona, parece casi magia a continuación parece que vaya a beber de tus palabras, pero atento no te precipites, aunque parezca que inundarla de tu verborrea sea suficiente y que pudiera mantenerla allí pendiente infinitamente no es así, en un momento que acabas conociendo tienes que dejar esas bobadas y decir si quiere salir fuera, si, donde no halla tanto ruido, esto tiene dos funciones, allí fuera es mas sencillo maniobrar y por otro lado te informa del nivel de confianza que has generado en ella, sabrás lo dócil que es, sabrás con cuanta facilidad se desprende de sus amigas para lanzarse a sus brazos.

Y todo estaba funcionando perfectamente.

Era mucho mas divertido así, es verdad, era mucho mas táctico cuando sabías que escondías algo, algo que ella no quería, algo que ella no esperaba. Ahora de verdad si era un juego entretenido, un juego decadente y miserable pero que parecía maravillosamente distinto mientras se llevaba acabo.
Aquella chica ya estaba lista, y sus amigos habían salido tras de el y estaban en una esquina esperando resguardándose del frió.

Pero tuvo que aparecer aquella chica.

Ya no era divertido, ya no era fácil, ya no parecía como si estuviéramos un plan superior, ya era algo real, y como las cosas reales tenia su fealdad.
Se la quería llevar adentro.
Ella no quería irse.
El quería que se quedara, que nadie echara a perder el plan, el la miro a los ojos, ella le dijo que no le tenia miedo.
Todo sucedió muy deprisa, y fue muy absurdo, el la empujo, agarro a su amiga, ella forcejeaba, y cuando se dio cuenta...
Tenia sus dientes, pequeños y puntiagudos clavados sobre su carne, su brazo estaba rojo, y su piel estaba palpitante, había pequeños puntitos de los que salían minúsculas gotas de sangre.
Muchos gritos, y un portero de bar cabreado.
Muchos gritos y todos corriendo de ahí.
Mucha vergüenza, ridículo, como vulgares acosadores o algo peor, se sentía sucio.
Se sentía cabreado con todo.
Odiaba aquella chica, y sentía que algo muy muy malo había nacido en el en ese momento, algo que en algún momento entraría en erupción.

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